lunes, 12 de diciembre de 2011

No somos nadie...

 El acoso escolar es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. Los protagonistas de los casos de acoso escolar suelen ser niños y niñas en proceso de entrada en la adolescencia (12-13 años), siendo ligeramente mayor el porcentaje de niñas en el perfil de víctimas.
El acoso escolar es una forma característica y extrema de violencia escolar.
También podríamos definir acoso escolar una especie tortura, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros.

Este tipo de violencia escolar se caracteriza, por tanto, por una reiteración encaminada a conseguir la intimidación de la víctima, implicando un abuso de poder en tanto que es ejercida por un agresor más fuerte que aquella. El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador, generándose como consecuencia una serie de secuelas psicológicas; es común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. En algunos casos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio e incluso su materialización, consecuencias propias del hostigamiento hacia las personas sin limitación de edad.

Tipos de acoso escolar (bullying)
1.     Bloqueo social (29,3%)
2.     Hostigamiento (20,9%)
3.     Manipulación (19,9%)
4.     Coacciones (17,4%)
5.     Exclusión social (16,0%)
6.     Intimidación (14,2%)
7.     Agresiones (13,0%)
8.     Amenazas (9,1%)

Bloqueo social

Agrupa las acciones de acoso escolar que buscan bloquear socialmente a la víctima. Todas ellas buscan el aislamiento social y su marginación impuesta por estas conductas de bloqueo. Se incluye dentro de este grupo de acciones el meterse con la víctima para hacerle llorar. Esta conducta busca presentar al niño socialmente, entre el grupo de iguales, como alguien flojo, indigno, débil, indefenso, estúpido, llorica, etc. El hacer llorar al niño desencadena socialmente en su entorno un fenómeno de estigmatización secundaria conocido como mecanismo de chivo expiatorio. De todas las modalidades de acoso escolar es la más difícil de combatir en la medida que es una actuación muy frecuentemente invisible y que no deja huella. El propio niño no identifica más que el hecho de que nadie le habla o de que nadie quiere estar con él o de que los demás le excluyen sistemáticamente de los juegos. Son ejemplos las prohibiciones de jugar en un grupo, de hablar o comunicar con otros, o de que nadie hable o se relacione con él, pues son indicadores que apuntan un intento por parte de otros de quebrar la red social de apoyos del niño.

Hostigamiento

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que consisten en acciones de hostigamiento y acoso psicológico que manifiestan desprecio, falta de respeto y desconsideración por la dignidad del niño. El desprecio, el odio, la ridiculización, la burla, el menosprecio, los motes, la crueldad, la manifestación gestual del desprecio, la imitación burlesca son los indicadores de esta escala.

Manipulación social

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que pretenden distorsionar la imagen social del niño y “envenenar” a otros contra él. Con ellas se trata de presentar una imagen negativa, distorsionada y cargada negativamente de la víctima. Se cargan las tintas contra todo cuanto hace o dice la víctima, o contra todo lo que no ha dicho ni ha hecho. No importa lo que haga, todo es utilizado y sirve para inducir el rechazo de otros. A causa de esta manipulación de la imagen social de la víctima acosada, muchos otros niños se suman al grupo de acoso de manera involuntaria, percibiendo que el acosado merece el acoso que recibe, incurriendo en un mecanismo denominado “error básico de atribución”.

Coacción

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que pretenden que la víctima realice acciones contra su voluntad. Mediante estas conductas quienes acosan al niño pretenden ejercer un dominio y un sometimiento total de su voluntad.
El que la víctima haga esas cosas contra su voluntad proporciona a los que fuerzan o tuercen esa voluntad diferentes beneficios, pero sobre todo poder social. Los que acosan son percibidos como poderosos, sobre todo, por los demás que presencian el doblegamiento de la víctima. Con frecuencia las coacciones implican que el niño sea víctima de vejaciones, abusos o conductas sexuales no deseadas que debe silenciar por miedo a las represalias sobre sí o sobre sus hermanos.

Exclusión social

Agrupa las conductas de acoso escolar que buscan excluir de la participación al niño acosado. El “tú no”, es el centro de estas conductas con las que el grupo que acosa segrega socialmente al niño. Al ningunearlo, tratarlo como si no existiera, aislarlo, impedir su expresión, impedir su participación en juegos, se produce el vacío social en su entorno.

Intimidación

Agrupa aquellas conductas de acoso escolar que persiguen amilanar, amedrentar, apocar o consumir emocionalmente al niño mediante una acción intimidatoria. Con ellas quienes acosan buscan inducir el miedo en el niño. Sus indicadores son acciones de intimidación, amenaza, hostigamiento físico intimidatorio, acoso a la salida del centro escolar.

Amenaza a la integridad

Agrupa las conductas de acoso escolar que buscan amilanar mediante las amenazas contra la integridad física del niño o de su familia, o mediante la extorsión.
Las causas pueden ser diversas:

El agresor: características psicológicas y entorno familiar

Aunque el acosador escolar no tiene por qué padecer ninguna enfermedad mental o trastorno de la personalidad grave, presenta normalmente algún tipo de psicopatología. Fundamentalmente, presenta ausencia de empatía y algún tipo de distorsión cognitiva.
La carencia de empatía explica su incapacidad para ponerse en el lugar del acosado y ser insensible al sufrimiento de este.
La presencia de distorsiones cognitivas tienen que ver con el hecho de que su interpretación de la realidad suele eludir la evidencia de los hechos y suele comportar una delegación de responsabilidades en otras personas. Así, normalmente responsabiliza de su acción acosadora a la víctima, que le habría molestado o desafiado previamente, con lo que no refleja ningún tipo de remordimiento respecto de su conducta (los datos indican que, aproximadamente, un 70% de los acosadores responden a este perfil).
La psicología actual, por otra parte, identifica en los acosadores escolares la existencia probable de una educación familiar permisiva que les puede haber llevado a no interiorizar suficientemente bien el principio de realidad: los derechos de uno deben armonizarse con los de los demás. La consecuencia es la dificultad para ponerse en el lugar del otro por una carencia de altruismo vinculada a un ego que crece a costa de los demás, meros instrumentos a su servicio, y que tiene un umbral de frustración muy bajo. Algunos autores denominan a este tipo de niño como niño tirano.

El entorno escolar

Se puede dar el caso de que la ausencia en clase (o, en general, en el centro educativo) de un clima adecuado de convivencia pueda favorecer la aparición del acoso escolar. La responsabilidad al respecto oscila entre la figura de unos profesores que no han recibido una formación específica en cuestiones de intermediación en situaciones escolares conflictiva, y la disminución de su perfil de autoridad dentro de la sociedad actual.

La televisión

El mensaje implícito de determinados programas televisivos de consumo frecuente entre adolescentes que exponen un modelo de proyecto vital que busca la aspiración a todo sin renunciar a nada para conseguirlo, siempre y cuando eso no signifique esforzarse o grandes trabajos, constituye otro factor de riesgo para determinados individuos.
Prevención
Se estima que la intervención simultánea sobre factores individuales, familiares y socioculturales, es la única vía posible de prevención del acoso escolar. La prevención se puede realizar en distintos niveles.
Una prevención primaria sería responsabilidad de los padres (apuesta por una educación democrática y no autoritaria), de la sociedad en conjunto y de los medios de comunicación (en forma de autorregulación respecto de determinados contenidos).
Una prevención secundaria sería las medidas concretas sobre la población de riesgo, esto es, los adolescentes (fundamentalmente, promover un cambio de mentalidad respecto a la necesidad de denuncia de los casos de acoso escolar aunque no sean víctimas de ellos), y sobre la población directamente vinculada a esta, el profesorado (en forma de formación en habilidades adecuadas para la prevención y resolución de conflictos escolares).
Por último, una prevención terciaria serían las medidas de ayuda a los protagonistas de los casos de acoso escolar.

Resolución de conflictos

Pese a que la figura del acoso en general atiende a un concepto de negación del conflicto al tratarse de un maltrato soterrado (incluso para la víctima, pues a ella le declaran la guerra en secreto, nunca abiertamente), tal vez podría hablarse de conflicto para simplificar el acercamiento a la materia. Y es que el conflicto forma parte de la vida y es un motor de progreso, pero en determinadas condiciones puede conducir a la violencia. Para mejorar la convivencia educativa y prevenir la violencia, es preciso enseñar a resolver conflictos de forma constructiva; es decir, pensando, dialogando y negociando. Un posible método de resolución de conflictos se desarrolla en los siguientes pasos:
§                     Definir adecuadamente el conflicto.
§                     Establecer cuáles son los objetivos y ordenarlos según su importancia.
§                     Diseñar las posibles soluciones al conflicto.
§                     Elegir la solución que se considere mejor y elaborar un plan para llevarla a cabo.
§                     Llevar a la práctica la solución elegida.
§                     Valorar los resultados obtenidos y, si no son los deseados, repetir todo el procedimiento para tratar de mejorarlos.
Una buena idea puede ser la de ir escribiendo las distintas fases del proceso, para facilitar su realización. En los programas de prevención de la violencia escolar que se están desarrollando en los últimos tiempos, se incluyen la mediación y la negociación como métodos de resolución de conflictos sin violencia.

sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Qué hay entre ellos y ellas? ¿Qué hay entre nosotros?

Como definición podríamos decir que el sexismo es la discriminación de personas de un sexo en contraposición al otro.
El sexismo engloba varios subgrupos: 
  1. Contra el sexo femenino.
  2. Contra el sexo masculino,
  3. Contra los intersexuales (hermafroditas y pseudohermafroditas).
  4. Contra los transexuales (masculinos y femeninos). 
Las creencias sexistas, sostienen que los individuos pueden ser entendidos o juzgados basándose simplemente en las características del grupo al que pertenecen: en este caso, a su grupo sexual, masculino o femenino. Esto asume que todos los individuos «encajan» en la categoría de «masculinos» o «femeninos» y no tiene en cuenta a las personas intersexuales que nacen con características sexuales de ambos grupos. También asume características homogéneas para todos los varones del grupo «masculino» y todas las mujeres del «femenino», sin tener cuenta las enormes diferencias que puedan darse dentro de ellos. Hay también varones XX y mujeres XY que son genéticamente de un sexo pero desarrollaron las características sexuales del otro en la etapa fetal.

Profundicemos un poco…

Sexismo contra las mujeres

El sexismo contra las mujeres sería el conjunto de discriminaciones y estereotipos de género que perjudican a las mujeres. El término «sexismo» en su uso corriente suele aludir al sexismo contra las mujeres, debido a que éste fue la primera forma de sexismo comúnmente identificada. Coloquialmente se usa el término sexismo como sinónimo de machismo, aunque en realidad el machismo es un subconjunto del sexismo. Términos levemente relacionados, que tampoco deben confundirse con "sexismo", son «misoginia» (odio a las mujeres), y «ginofobia», que alude al miedo a las mujeres o a la feminidad.
Históricamente, en muchas sociedades patriarcales, las mujeres han sido vistas como el «sexo débil». El movimiento feminista promueve los derechos de las mujeres, el acceso a la educación y el empleo, las víctimas femeninas de la violencia doméstica y la posesión del propio cuerpo de la mujer.

Sexismo contra los varones

El sexismo contra los varones es el conjunto de discriminaciones y estereotipos de género que perjudican a los varones. En este caso, tampoco debe confundirse con misandria(‘odio a los varones’). Debido a que es la segunda forma de sexismo comúnmente identificada, a menudo se conoce como sexismo inverso o hembrismo. Un término levemente relacionado es «androfobia», que alude al miedo a los varones o a la masculinidad.
Una fuente de sexismo contra los varones es el «antiguo patriarcado» y el «antiguo matriarcado», que históricamente han restringido y limitado el papel de los varones en la sociedad y ha mirado con desprecio a los amos de casa. El movimiento masculinista promueve los derechos de los varones y de los padres para frenar el sexismo contra los varones tratando problemas tales como la igualdad ante la ley, el «permiso de paternidad» para los varones, las víctimas masculinas de la violencia doméstica y el acceso igualitario a los hijos.

Sexismo contra los intersexuales

El sexismo contra intersexuales no ha sido identificado hasta fechas recientes y aún está por ser advertido por el público general. Históricamente, la mayoría de las culturas sostienen que varones y mujeres son entidades separadas y distintas con diferentes papeles de género y responsabilidades. Los bebés que nacen con características de ambos sexos o ambiguas eran sacrificados o sufrían la extirpación quirúrgica de una de sus características sexuales. Esta cirugía, según se cree, ha sido llevada a cabo en ocasiones con frecuencia sin el conocimiento ni consentimiento de los padres, siendo bajo ciertos puntos de vista una mutilación genital así como criticable la supuesta necesidad de la medicina occidental moderna de «corregir» los casos de intersexualidad, que no son más que una probabilidad natural.
La «intersexualidad» alude a la condición de estar entre los dos sexos. El movimiento LGTB ha luchado activamente contra el sexismo contra los intersexuales. Desde su nacimiento, los individuos intersexuales no están en la «caja» masculina ni en la femenina, fallando en reflejar esta condición la clasificación usada por las políticas y leyes gubernamentales. Las personas intersexuales también son con frecuencia el blanco de crímenes de odio, ya que las nociones tradicionales de masculino (XY) y femenino (XX) se consideran amenazadas por la existencia de sexos atípicos como los de los síndromes de Turner (X0), triple X (XXX), Klinefelter (XXY), de la Chapelle (varón XX) y Swyer (mujer XY).

Sexismo contra los transexuales

El sexismo contra transexuales también ha sido identificado en fechas recientes y aún no ha sido incluido en el discurso público. Tradicionalmente, se ha visto la transexualidad como un problema psicológico relacionado con un trastorno de identidad de género. Sin embargo, recientes investigaciones médicas sobre cerebros de transexuales indican que la composición de éstos muestra a menudo la composición del sexo con el que se identifica el individuo en lugar de la del sexo de nacimiento. Esto apoya la teoría de que el cerebro de un individuo puede desarrollarse en un sentido diferente al de sus genitales, por lo que la transexualidad es de origen innato y no psicológico. La investigación también apoya las expresiones «varón atrapado en el cuerpo de una mujer» y «mujer atrapada en el cuerpo de un varón».
La «transexualidad» alude a la condición de autoidentificarse con el sexo opuesto al de nacimiento. El movimiento LGTB ha luchado activamente contra el sexismo contra los transexuales. Muchos acontecimientos y organizaciones «sólo para mujeres» han sido criticados por rechazar a las mujeres transexuales, y de igual forma sucede con los acontecimientos y organizaciones «sólo para varones» que rechazan a los hombres transexuales. Las personas transexuales también son con frecuencia el blanco de crímenes de odio, ya que la noción tradicional de masculinidad y feminidad se ve a menudo amenazada por aquellos que han elegido adoptar un sexo diferente en algún momento de su vida.
Si quisiéramos podríamos seguir adentrándonos en el mundo de los problemas de género, pero es un tema demasiado extenso y polémico. Por ello solo voy a citar algunos apartados de esta materia:
·         Sexismo y expresión sexual
a)       La revolución sexual: Durante la revolución sexual se produjo un cambio en la percepción cultural de la moralidad y el comportamiento sexuales. La revolución sexual ha sido conocida como «liberación sexual» por las feministas, ya que algunos vieron este nuevo desarrollo en Occidente como una equiparación para las mujeres en cuanto a tener tantas opciones sexuales como los varones, deseando eliminar la problemática dicotomía virgen/puta de la sociedad occidental tradicional.
b)      Relaciones sexuales: Algunos artículos publicados han señalado e incluso afirmado explícitamente que las relaciones sexuales, tal como han sido practicadas con mayor frecuencia, han tenido el único propósito de lograr la satisfacción sexual de los varones mediante posturas y movimientos que son más placenteros para ellos y mediante movimientos que perciben, desde la perspectiva de sus egos masculinos, que favorecen su virilidad o habilidades como amante. Sólo en épocas recientes un número significativo de parejas heterosexuales han empezado a practicar posturas (por ejemplo, la mujer encima) y movimientos (por ejemplo, roces que estimulen el clítoris) durante sus relaciones sexuales que proporcionan más placer a la mujer. Otro motivo sugerido al poco disfrute potencial de las mujeres es la noción de que las relaciones sexuales han sido tradicionalmente un asunto tabú.
c)       Pornografía: Algunos expresan el punto de vista de que la pornografía está contribuyendo al sexismo, porque en las interpretaciones pornográficas convencionales para espectadores masculinos las actrices están limitadas a y son presentadas como «objetos de placer». La feminista alemana Alice Schwarzer es una representante de este punto de vista, que ha estado planteando repetidamente desde los años 1970, especialmente en la revista feminista Emma. Lo inverso, cuando las espectadoras femeninas objetifican a los actores masculinos, también ha sido identificado como sexismo.
·         Sexismo y lingüística
a)       Lenguaje sexista y neutro: A finales del siglo XX hubo un ascenso del uso de lenguaje neutro en términos de género en Occidente, lo que a menudo se atribuye al auge del feminismo. El lenguaje neutro en términos de género, como parte de la corrección política, es la elusión de nombres de profesión sexistas («asistente de vuelo» en lugar de «azafata»), uso no paralelo («cónyuges» en lugar de «marido y mujer») y otras expresiones que algunos consideran sexistas. Quienes lo defienden creen que el uso de términos específicos de un género supone un sesgo para excluir a individuos en función de su sexo. Sus oponentes cuestionan que tal campaña elusiva se libre también en el plano semántico. Hay quien incluso rechaza esta tendencia como una «locura» de la corrección política y protestan contra lo que consideran censura Axiologia.
b)      Lingüística antropológica y lenguaje específico de género: A diferencia de las lenguas germánicas occidentales, para muchos otros idiomas del mundo los pronombres de género específicos son un fenómeno reciente surgido sobre principios del siglo XX. Como resultado del colonialismo, ocurrió una revolución cultural en muchos lugares del mundo, incluyendo intentos por «modernizar» y «occidentalizar» las lenguas locales añadiéndoles pronombres de género específicos y pronombres animado-inanimado. Irónicamente, esto provocó que donde hace un siglo había pronombres neutros de repente aparecieses pronombres de género específicos.
c)       Reapropiación: Se llama reapropiación (también conocida como proyectos de reclamación) al proceso cultural mediante el que ciertos grupos reclaman o se reapropian de términos, símbolos y artefactos que se usaron anteriormente para discriminar. Por ejemplo, dentro del idioma inglés ciertos términos como bitch (‘perra’) y slut (‘marrana’), que históricamente han sido usados como calificativos sexistas peyorativos contra las mujeres, se han usado posteriormente para aludir a mujeres fuertes, independientes e independientes y a mujeres hipersexuales y sexualmente liberadas. De forma parecida, términos como girlie men (‘nenazas’) y tranny, que tradicionalmente se han usado peyorativamente contra los transexuales, se han usado luego para aludir a los distintos grados de transexualidad de «pre-operación» y «no-operación», tanto a los que se han sometido o van a someterse a cirugía de reasignación de sexo como a los que no. El éxito de estos procesos culturales es discutible.